sábado, 27 de agosto de 2011

EUROPA EN CAIDA LIBRE

Se descontrola la crisis económica europea
Por Peter Schwarz

La crisis que ha azotado a los mercados de acciones y finanzas cada vez se descontrola con mayor fuerza. La evolución de este fenómeno es lo que impulsa las acciones de los gobiernos, los cuales son incapaces de controlar la crisis
El martes 23 de agosto de 2011, Ángela Merkel y Nicolas Sarkovsky, mandatarios de la cuarta y sexta economías principales del mundo [Alemania y Francia, respectivamente], tuvieron una reunión cumbre de emergencia. Se reunieron con el propósito de calmar los mercados, pero dos días después los mercados de acciones reaccionaron con la peor baja en tres años.
La DAX alemana perdió casi un 6% el jueves, La CAC francesa cayó en un 5.5%, la FTSE británica declinó un 4.5% y el Dow Jones Industrial Average en Estados Unidos bajó en un 3.7%. El viernes el declive continuaba. Desde principios de mes, la DAX ha declinado en un 20%. Las bajas de esta índole evocan memorias de la Gran Depresión de los 1930.
El pánico de los mercados de acciones muestra que los comerciantes esperan que suceda una profunda recesión, la cual ya se refleja en el estancamiento del crecimiento y en las tasas de desempleo que siguen subiendo. Las empresas han de reaccionar con nuevas olas de despidos y los gobiernos con mayores reducciones presupuestales.
Las amargas experiencias de los 1930 amenazan con repetirse, no solo desde el punto de vista de la economía, sino también del político. La caída de la economía mundial toma lugar en conjunto con tensiones nacionales que más y más se intensifican, lo que amenaza la existencia de la Unión Europea, y con más guerras imperialistas bestiales, tal como en Afganistán, Irak y Libia.
La crisis de hoy día es mucho más profunda que la que sucedió hace ochenta años. En esa época, a medida que Europa se deslizaba hacia el fascismo y la guerra, la burguesía de Estados Unidos reaccionó con un programa de reformas sociales, las cuales se concretaron en el programa del Nuevo Trato bajo el mando del Presidente Franklin Delano Roosevelt. Estados Unidos surgió de la Segunda Guerra Mundial como potencia mundial dominante. Hoy, el mismo país es el centro de la crisis, y ningún país o alianza puede reemplazarlo como ancla de la economía mundial capitalista.
Después de la guerra, la reconstrucción del capitalismo en Europa Occidental se basó en las lecciones de la Gran Depresión; es decir, en la necesidad de atenuar la economía del mercado con una política de programas sociales. En 1991, cuando el régimen estalinista desmanteló a la Unión Soviética, se proclamó que ello significaba que el socialismo había fracasado y que el mercado capitalista, libre de toda restricción, había triunfado.
Pero los tres últimos tres años han hecho añicos todas estas aseveraciones. Los mercados, sobre todo el mercado de las finanzas, han mostrado su poder destructivo. Los especuladores ahora empujan a los gobiernos y dictan una política que lleva a la sociedad a la ruina y destruye las normas de vida de grandes sectores de la población.
Con tal de salvar a los bancos y los bienes de los ricos, los tesoros públicos son saqueados. Esto sucede a la vez que la educación, la salud y el cuidado de los ancianos son destruidos, y los jóvenes son lanzados a la calle sin ningún futuro. Medida de austeridad sigue a medida de austeridad, lo que agrava la recesión, la que, a su vez, causa estragos en el sector público, lo cual crea un círculo vicioso sin escape.
No existe un solo gobierno o partido burgués que pueda satisfacer las exigencias insaciables de los mercados financieros. Para controlar la inminente depresión, es necesario lanzar un gran programa de obras públicas valorado en millones de millones de euros y confiscar o imponerle rentas internas a las ganancias especuladoras y los altos ingresos tal como corresponda.
Pero a la autoridad de la aristocracia financiera no se le puede desafiar. Todos los partidos oficiales, sean de "izquierda" o derecha, se arrodillan ante ella. Hoy día, nada muestra la índole clasista de la sociedad más claramente que el contraste entre la manera en que la juventud británica fue arrestada durante los disturbios recientes (y a quienes juicios sin jurados los han sometido a sentencias de cárcel draconianas luego de imputárseles delitos menores), y aquella que se le ha acordado a los que juegan a los dados con el mercado de acciones o a los especuladores que han llevado a economías enteras a rincones sin salida; gente a quien nadie le imputa ningún crimen.
En Europa, los gobiernos y partidos debaten si se puede saciar el apetito descontrolado de los mercados de finanzas creando los llamados bonos europeos, o si se debería abandonar al euro y abandonar al destino a los países que deben deudas enormes.
Los gobiernos de esos países que tienen dificultades en pagar sus deudas, así también como los socialdemócratas de Francia y Alemania y los Verdes, apoyan la primera alternativa. Vinculan la creación de los eurobonos a exigencias por medidas estrictas de ahorros, y obligan a la política presupuestal de las naciones a obedecer los dictados de cuerpos legislativos de la UE que nadie ha elegido. La introducción de los eurobonos extendería las medidas de austeridad bestiales, ante las cuales países como Grecia, Irlanda y Portugal tendrían que postrarse, por toda Europa.
La segunda alternativa la favorecen populistas derechistas y capas de la burguesía, tal como el Partido Libre Democrático (FDP) de Alemania. Consideran que el interés nacional es lo más primordial que existe y están listos para abandonar el euro, desmembrar a la Unión Europea y seguir el camino de rivalidades, conflictos y guerras. Su política reverbera en los ex izquierdistas pequeño-burgueses, quienes abogan por la independencia nacional o regional como alternativa a la UE.
Los trabajadores deben rechazar ambos campos. El conflicto en Europa no es entre las naciones sino entre las clases sociales. Sólo la lucha unida de todos los trabajadores europeos puede quebrar el dominio de la aristocracia financiera, la cual los partidarios de una Unión Europea y sus adversarios nacionalistas más rabiosos defienden.
La condición esencial para la defensa de los derechos sociales y democráticos es el programa socialista. Ningún problema social se puede resolver siempre que el control de trillones de dólares en propiedades se quede en manos privadas y a los jugadores de los mercados de valores se les permita decidir el destino de economías nacionales enteras. Las instituciones financieras y las grandes empresas deben ser expropiadas y puestas bajo el control democrático. La vida cotidiana, que depende de la economía, debe planearse de acuerdo a las necesidades de la sociedad y no la anarquía del mercado y los intereses que le garantizan las ganancias a los dueños del capital.
Los sindicatos obreros y los partidos socialdemócratas nunca aceptarán semejante programa. Están atados a la clase dirigente por mil hilos; se sientan en los gobiernos y en las juntas directivas, para no mencionar que gozan de un sin número de privilegios. No defienden los intereses de la clase trabajadora, pero tratan de dividir, paralizar y suprimir toda oposición de las bases.

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