lunes, 7 de noviembre de 2011

ALGUNOS NUMEROS DE LA CRISIS EN ESTADOS UNIDOS

Un retrato de los Estados Unidos en declive
Por Patrick Martin
2 Noviembre 2011

Una serie de informes recientes—sobre la pobreza, salarios, desigualdad del ingreso y movilidad social—pintan el retrato de un Estados Unidos muy diferente a la mitología oficial del país como la tierra de las oportunidades económicas ilimitadas y con el más alto nivel de vida en el mundo.
Las cifras han sido publicadas por las agencias gubernamentales de EE.UU. —entre éstas, la Oficina de Contabilidad General, la Oficina de Presupuesto del Congreso, la Administración del Seguro Social, la Oficina del Censo y el Federal Reserve Bank de Nueva York.
Eso hace que la imagen de la situación real de EE.UU. en 2011 sea aun más condenatoria. Incluso los organismos controlados por los representantes políticos de la aristocracia financiera se ven obligados a admitir que las condiciones de vida para la inmensa mayoría del pueblo norteamericano son desastrosas.
Estas cifras demuestran que Estados Unidos es un país de creciente desigualdad social, en el que los que trabajan y producen toda la riqueza tienen cada vez menos, mientras que los que recogen los beneficios de este trabajo, jugando un rol parásito, destructivo y completamente reaccionario, acumulan riquezas a niveles asombrosos.
Dos informes en particular resaltan la dramática polarización social en los Estados Unidos; no tanto entre los ricos y los pobres, sino entre los ricos y todo el resto de la sociedad.
Según las cifras publicadas por la Administración del Seguro Social (ASS) el 20 de octubre, el ingreso promedio de los trabajadores estadounidenses en 2010 fue de $26.364, no mucho más que el nivel oficial de pobreza de $ 22.025 para una familia de cuatro. Teniendo en cuenta que una familia que gana hasta dos veces el nivel oficial de pobreza se enfrenta a dificultades reales e inseguridad, no es exagerado decir que el informe del ASS muestra que los "pobres", por cualquier definición razonable, constituyen la mayoría absoluta del pueblo estadounidense.
En el otro lado del espectro, un estudio de la Oficina de Presupuesto del Congreso publicado el 25 de octubre muestra que los más ricos en el 1 por ciento superior de los hogares de los EE.UU. experimentó un aumento del 275 por ciento en sus ingresos entre 1979 y 2007, y más que duplicaron su participación del ingreso nacional. Mientras que el ingreso de esta capa casi se triplicó, los ingresos del 60 por ciento en el medio de la población aumentó sólo un 40 por ciento en 28 años, y la ingreso del 20 por ciento más pobres el aumentó sólo un 18 por ciento.
Otras estadísticas reveladoras son:
La tasa de desempleo para trabajadores de 55 años o más se ha duplicado desde 2007, y el período medio de permanencia en desempleo se ha triplicado. Un tercio de los trabajadores mayores de 65 años ganan menos de $11 por hora, mientras que las tasas de pobreza y dependencia en cupones de alimentos han aumentado considerablemente en este sector de la población.
El monto en dólares de los préstamos estudiantiles desembolsados en 2010 superaron los $100 mil millones, un record histórico para un solo año. Asimismo, el total de la deuda de préstamos estudiantiles ha pasado la marca de $1 billón en 2011, superando el total de la deuda de tarjetas de crédito. Pagar su educación universitaria, los jóvenes se han visto obligados sacar el doble de lo que pedían hace tan solo 10 años.
La movilidad geográfica en los Estados Unidos ha caído al nivel más bajo registrado desde 1948, un reflejo de la pérdida de oportunidades, especialmente para los jóvenes. Las personas no pueden vender sus casas o comprar otras nuevas, y la mayoría de los jóvenes universitarios graduados se ven obligados a regresar a casa de sus padres porque no pueden encontrar un trabajo que pague lo suficiente para crear por su cuenta.
La encuestadora Gallup encontró que se ha triplicado la preocupación de los trabajadores de poder alimentarse a si mismos y sus familias. Constituyen un 19 por ciento de la población, en comparación con sólo el 6 por ciento de los trabajadores chinos con intereses similares. Las cifras de Gallup referentes al acceso a necesidades sociales básicas demuestran que los trabajadores estadounidenses encuentran cada día más dificultad en obtener alimentos, vivienda adecuada y atención médica decente.
Lo que estas cifras ponen de manifiesto es tanto una crisis social profunda como una inmensa transformación histórica. Estados Unidos ha pasado de ser el líder mundial en la mayoría de los indicadores sociales, incluyendo los niveles de vida de la clase trabajadora, a un nuevo estatus como líder, al menos entre los países industrializados, en condenar a la mayoría de su población a condiciones de privación y miseria.
El declive del capitalismo estadounidense se muestra en la decadencia de su base industrial, otrora poderosa, el derrumbe de carreteras, puentes y otras infraestructuras sociales, y el cierre de escuelas, bibliotecas, hospitales y otros servicios públicos. No es de extrañar que más del 80 por ciento de los estadounidenses, según las encuestas más recientes, siente que el país está en el camino equivocado.
Presidiendo sobre este declive está una aristocracia financiera cuya relación con el resto de la sociedad trae a la mente el antiguo régimen de la Francia prerrevolucionaria.
Los informes y el retrato que pintan de la sociedad estadounidense son una prueba irrefutable de todo el gobierno de Obama y todos los que presentaron la elección de Obama como un evento de transformación en la política estadounidense. El contenido real de los últimos tres años ha sido una colosal redistribución de la riqueza, supervisada y dirigida por Obama, de la clase obrera a la élite financiera. Y esto continúa.
La creciente oposición a la desigualdad y el control corporativo del sistema político subyace en el aumento del movimiento Ocupar Wall Street y el apoyo masivo que ha ganado en menos de dos meses. Pero esto es sólo una expresión inicial de lo que está por venir.

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